EUROPA Y EL MUNDO EN EL SIGLO XIX

El siglo XIX, a escala universal, continúa el ciclo abierto a finales del siglo anterior de cambios de una importancia trascendental, que nos permiten calificar a esta etapa al menos hasta mediados de la centuria como la época de las revoluciones.

Estos cambios se reflejan, en primer lugar, en el número de los hombres. La población mundial crece entre 1750 y 1850 tanto como en los mil años anteriores. Este primer salto hacia adelante de las cifras de la población mundial se inicia, sobre todo, en Europa, que pasa de casi 200 millones de habitantes en 1800 a 400 en 1900, lo que le proporciona una mano de obra abundante para su industria y un mercado de consumidores de sus productos industriales mucho más amplio.

vacunaEsta «revolución demográfica» es el resultado, como ya hemos visto en el siglo XVIII, de la modificación de las pautas de comportamiento del régimen demográfico antiguo, asistiendo, desde mediados de dicho siglo en Gran Bretaña, y en buena parte de Europa a lo largo del XIX, a un descenso sistemático de la mortalidad (por ejemplo, en Inglaterra se pasa de un 26.9 por mil en 1800 a un 18.2 en 1900), mientras la natalidad se mantiene a un nivel elevado al menos hasta finales del período, originándose crecimientos poblacionales extraordinarios.

Todos estos avances hay que relacionarlos, en primer lugar, con las mejoras introducidas en la agricultura que permiten ampliar y diversificar la dieta, proporcionando a los organismos mayor resistencia a las enfermedades; en segundo lugar, con los progresos en la medicina (descubrimiento de la vacuna de la viruela; nacimiento de la microbiología;hambruna introducción de la anestesia parcial y la antisepsia en la cirugía) e higiene (abastecimiento de agua potable en las ciudades; servicios de limpieza en las calles y generalización del aseo personal con uso de ropa interior y jabón). No obstante, ello no impidió la continuidad de algunos rasgos del régimen demográfico antiguo: las tasas de mortalidad infantil no descienden hasta el último cuarto del XIX, las «hambrunas» no desaparecen de forma sistemática (Irlanda 1846 -1848) y algunas epidemias como el cólera que hace su debut en Europa en 1832 siguen asolando el continente.